Amanda no era ingenua. Sabía que las tramas del poder y del narcotráfico se entrelazaban como raíces. Conocía nombres que se susurraban en la sacristía y en la taberna. Sabía que protegiendo a unos, se favorecía a otros. Por eso su ritual fue distinto: en vez de incendiar imágenes, puso sobre la mesa del gobernador un relato —una narración antigua de fidelidad y deuda— y le mostró las consecuencias de usar la brujería como sustituto del respeto. Le enseñó una palabra escondida entre rezos y refranes que, pronunciada, no daba al político seguridad sino responsabilidad.
Direct the user to legitimate digital bookstores or local libraries for legal access. la bruja german castro caycedo pdf gratis portable