Miguel empieza a extrañar lo que antes consideraba una carga: las órdenes de sus padres, la comida caliente y la protección familiar.
En el capítulo 7, la atmósfera de la casa cambia por completo. Miguel ya no es el centro de las atenciones ni el receptor de los cuidados incondicionales de su madre. La "empresa" familiar ha dejado de prestar servicios gratuitos, y el protagonista empieza a sentir el vacío de la protección parental. Miguel intenta mantener su postura de orgullo. querido hijo est%C3%A1s despedido cap%C3%ADtulo 7